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¡Hola, minimalisto!
Si me echaste de menos el domingo pasado, te pido disculpas. Hubo un error de cálculo y un viaje que me desbarataron por completo mi rutina... y no pude subsanarlo a tiempo.
Al principio me dio rabia, pero, seamos sinceros: no se puede estar en misa y repicando.
O te vas a la playa o trabajas. Esto de estar a medias tintas no suele salir bien.
Y menos desde el lugar en el que estoy y desde el que casi no te mando el de esta semana tampoco.
De hecho, este correo será breve porque, aunque he aprovechado esta semana para desconectar y replantearme mi futuro profesional, al mismo tiempo he sufrido un ataque DoS a nivel mental.
Por si no sabes qué es, DoS significa "Denial of Service" (denegación de servicio) y es un tipo de ataque informático que consiste en colapsar un servidor a base de lanzar miles de solicitudes al mismo tiempo. El servidor, al no poder atenderlas a todas, se bloquea y se cae.
Aquí la servidora ha estado al borde del shutdown mental (migraña included) varias veces, por exceso de solicitudes, demandas, preguntas...Los hackers de esta historia han sido las personas que más me quieren en este mundo.
Mis padres.
Dos ancianitos con sus cosillas, sus achaques y sus manías que me han dejado el cerebrito hecho papilla, con mucho amor, y sin querer, claro.
El caso es que yo hoy tenía pensado escribirte un mail que se me ocurrió leyendo el libro que me traje a la playa... Pero no me ha dado la neurona para hacerlo.
Llevo marcadas varias páginas, porque, aunque se escribió en 1979, hay cosas que tienen casi más sentido hoy que hace 4 décadas. Es que hay pasajes que me sirven hasta para meterme con ChatGPT.
O con los pesaos que pretenden que todos vayamos con prisa, con miedo a quedarnos atrás o a perdernos algo. Me siento muy identificada con los que viven en el punto C.
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