Aquí estamos en nuestra pequeña cita dominical. Hoy el aire es distinto: mañana vuelven los chicos al cole y eso implica rutinas, horarios… A ver qué hago ahora con mis picos de productividad a horas raras.
Pero sobre todo es un domingo diferente porque hoy sale a la luz un proyecto en el que llevo meses trabajando y que, sin darme cuenta, es la constatación de todo lo que he ido compartiendo por aquí.
Todo lo que te he contado este año lleva, sin que yo lo planeara, exactamente a este momento.
Hace unos meses te conté que echaba de menos trabajar en equipo. Que la creatividad se expande cuando hay más de una cabeza. Que los freelance pagamos un coste oculto enorme: no tener a nadie que te saque de tu propia cabeza cuando te quedas atascado.
Luego vino «Una violeta»: el email que más respuestas tuvo. Mi hijo, su psicóloga, el cerebro divergente que sabe que es distinto. El pez que intenta trepar árboles. Y todo lo que eso dice sobre las personas que sufren cuando intentan encajar en moldes que no son los suyos.
Y después el concepto de Responsabilidad Creativa: la idea de hacernos responsables de las emociones que generamos, la de no contribuir con más ruido a la fritura mental generalizada, como decisión estratégica y una forma de respetarte a ti mismo.
Toda mi filosofía, como yo veo los negocios, la comunicación, las relaciones… encajando a la perfección.
Yo creía que crear una agencia era el camino. Y resulta que era participar en algo más transversal.
Una comunidad de emprendedores. Un espacio para experimentar, aprender y crear negocios sin desgastarse en el proceso.
El lugar que yo habría necesitado hace tres años. Que me habría ahorrado muucha pasta y mucha frustración.
El proyecto se llama Emprendimiento Neurodivergente Lab.
Creado junto a estas dos titanas:
Mariana Moreira: psicóloga especialista en altas capacidades y doble excepcionalidad Léa Blanchard: estratega de negocios y ecosistemas.
Mariana pone su criterio para establecer las bases. Léa, su visión de negocio y estrategia. Yo, la de convertir esa rareza en comunicación.
Lo que más me gusta es que este lanzamiento lo estamos haciendo desde la responsabilidad creativa: sin bonus que desaparecen en 24 horas, sin descuentos estratosféricos artificiales, con precios transparentes desde el minuto uno y con espacio para que puedas pensar antes de decidir.
La única tensión de compra: un precio que subirá pasados unos días y las plazas limitadas.
Sin más, te presento la página del laboratorio, con acceso a una lista de espera en la que vamos a ir contando más sobre el experimento, sobre nosotras y por qué estamos haciendo esto, hasta el día que abramos plazas.
Si te resuena o conoces a alguien para quien esto pueda ser útil, en el enlace tienes toda la información: